Roka Valbuena entrevistó a Sergio Di Nucci sobre “la obsesión literaria de un escritor con dos nombres”: se enamoró del país andino en 1993 y, desde entonces, circula por sus barrios en Buenos Aires y acomoda el paladar a su comida. Ahora, publica Grandeza boliviana, la segunda parte de una saga en la que retrata con laconismo la vida de inmigrantes y nativos.
Por Roka Valbuena (para Crítica de la Argentina)
“Hola. Soy Sergio”, dice Bruno Morales, el autor de dos libros que ha firmado con seudónimo. En los documentos oficiales, este hombre está registrado con el nombre de Sergio Di Nucci, ciudadano argentino con una tremenda cara de napolitano, que por un motivo literario se disfrazará por tres libros con un nombre postizo. Bruno Morales, entonces, es el autor de Bolivia Construcciones y ahora ha publicado el libro Grandeza boliviana (editorial Eterna Cadencia) y, pronto, cerrará el “ciclo Morales” con otra obra que narra la vida de más bolivianos. A este escritor, los bolivianos, o bien Bolivia en casi su totalidad, le fascinan y le producen mucha energía creativa. Y por eso se cambió el nombre. “Quise ponerme Bruno Morales porque quiero que estos libros lleguen a lectores bolivianos y para eso me parecía más verosímil que el autor tuviese un apellido medianamente boliviano, como Morales”.
–¿Qué le gusta de los bolivianos?
–Me gusta su sencillez, su cero jactancia. Y también me gusta la forma en que trabajan y la forma en que festejan.










La misma vieja que en Coronel Suárez hablaba del peligro de tener caballos blancos porque atraen a los rayos, sostenía que la fruta debe comerse sin pelar y ayudándose sólo con las manos. Sus palabras siempre me resultaron cargadas de sabiduría. Ni siquiera me planteaba si eran o no acertadas, me limitaba a seguirlas al pie de la letra.