Arturo Fontaine es el autor de La vida doble, una novela que narra la vida de una guerrillera chilena que se volvió colaboradora de la policía secreta.
Por PZ. Foto: Lincoyán Parada.
Lo que hace un hombre es como si lo hicieran todos los hombres.
Jorge Luis Borges
Esta es una entrevista incompleta. Las respuestas a las preguntas que no se hicieron tal vez puedan encontrarse en la novela. O tal vez la novela formule aún más preguntas: La vida doble de Arturo Fontaine (Tusquets) dialoga con el lector a la vez que provoca la necesidad de hablar después de leerla.
Irene -o Lorena, nunca sabremos su nombre- supo ser una guerrillera de Hacha Roja, una organización nacida de la épica guevarista que la policía secreta de Pinochet la apresó en medio de un operativo. Aquella vez no lograron doblegarla: era una mujer adiestrada, sabía cómo resistir la tortura.
-En realidad -dice Fontaine- yo entré por otro lado. Empecé estudiando uno de los casos más horribles que es el de un carpintero cesante, alcohólico, que no tenía nada que ver con política, a quien le inventan que se ha suicidado y ha dejado una carta adjudicándose un crimen político contra un gran líder sindical durante la dictadura. Es escogido por inocente, culpan a un nadie. Me impresionó mucho y empecé a escribir un libro de no ficción para reportar ese caso en profundidad. Pero de repente me encontré con que la mano se me iba hacia la ficción. Me encontré a esta mujer, encontré esta voz. Diría que lo que me puso en marcha fue encontrar un lenguaje con el cual se pudiera hablar de una manera nueva, diferente al informe de los datos puros. Tocar la subjetividad y la contradicción interna desde el trauma de un lenguaje quebrado, lleno de hoyos y cosas que no se dicen.




Iván Turguéniev, maestro indiscutible del verbo elegante, amigo de Flaubert y Maupassant, contemporáneo de Gógol, Dostoievski y Tolstói, es sin duda uno de los más notables autores de la fecunda literatura rusa del siglo XIX.









