A 35 años del golpe militar que derrocó al gobierno de María Estela Martínez de Perón, seis referentes de la literatura cuentan cómo lo vivieron.
Por PZ.
El 24 de marzo del 1976 es una fecha que ha quedado marcada en la memoria de todos. Mucha gente recuerda con pormenor de detalles el momento en que se enteró del golpe militar. Hoy se cumplen 35 años de aquel día y la propuesta es, justamente, recordarlo a partir de esas historias privadas que conviven con la historia pública. Le preguntamos a diferentes personas relevantes del mundo de literario sobre aquel día: dónde estaba, qué hacía, cuál fue la primera sensación, el primer sentimiento, en el momento en que se enteraron del golpe.
Responden Claudia Piñeiro, Hinde Pomeraniec, Beatriz Sarlo, Vicente Battista, Mempo Giardinelli y Juan Martini.
Claudia Piñeiro:
La memoria a veces engaña porque no recuerdo qué día de la semana fue el golpe, ni si se suspendieron o no las clases. Pero mi imagen de ese día (o del día siguiente, vuelvo a desconfiar de mi memoria) es que venía caminando desde el colegio de monjas al que iba, hablando del golpe con mis compañeras. Veo mis zapatos, mis medias azules y las tablas de la pollera como si mi mirada hubiera estado clavada en el piso; callada, escuchando lo que decían mis amigas. Todas estaban contentas de que por fin habían sacado a María Estela Martínez de Perón, a la Perona, decían. Y contentas porque ya no iba a faltar papel higiénico (eso recuerdo, la preocupación por la falta de papel higiénico). Y que ahora todo iba a estar mejor. Yo estaba callada porque sabía que en mi casa no estaban contentos y en la adolescencia, ser distinto, no siempre es fácil. Entonces callaba, miraba las tablas de mi pollera, y las escuchaba a ellas. Yo era la última en el recorrido del colegio a casa, las otras iban quedando en las suyas que estaban más cerca. Las últimas tres cuadras yo las hacía sola. Las caminé esperando contarle a mi mamá eso que decían mis amigas, eso que era seguramente lo que decían sus padres, contarle que ellas estaban contentas. Mi mamá me esperaba en la puerta de mi casa. No se veía alegre sino preocupada. Le conté lo que hablaban mis compañeras a la salida del colegio. Me dijo: Dejalas, no entienden nada, no entienden nada de nada. ¿Es verdad que falta el papel higiénico?, le pregunté. Mi mamá me miró y se sonrió. No entienden nada, volvió a decir.
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