El tercer cuento que eligieron los editores de Periférica está incluido en Proyectos de pasado de Ana Blandiana.
Así presentan Paca Flores y Julián Rodríguez a la autora de “La iglesia fantasma”:
“La escritora rumana Ana Blandiana cuenta ya con dos libros en Periférica, y hoy mismo trabajamos en el siguiente. Sus relatos son tan fascinantes como demoledores, y narran, como pocos, la vida en un régimen dictatorial. Para ello, Blandiana, que estuvo confinada durante el régimen de Ceaucescu, se sirve de la fantasía: de una fantasía lógica, podríamos decir, que conecta su obra con una de las tradiciones más fértiles de la literatura de los siglos XIX y XX. Nos sentimos muy orgullosos de haber publicado por primera vez en español sus relatos, y de seguir en ello cada vez más convencidos de que esta eterna candidata al Premio Nobel ha firmado diez o quince de los mejores relatos de las últimas décadas. En cualquier lengua.”
Por Ana Blandiana.
Existen tantas modalidades de lo fantástico que no es de extrañar que algunas de ellas puedan dar en ocasiones el salto a la realidad. A veces, la realidad misma sobrepasa arrogantemente sus fronteras y, entonces, las zonas superpuestas permanecen ambiguas durante años, decenios y aun siglos, y resulta incierto a qué dominio pertenecen. Después, por no se sabe qué casualidad, o simplemente por la erosión del tiempo, su doble naturaleza difumina uno de sus aspectos y la franja que antes era equívoca acaba cayendo a uno de los dos lados de la frontera, acompañada únicamente por el asombro de que antes las cosas hubieran podido parecer de otra manera. Claro está que, para un ojo avezado y capaz de ver más allá de las apariencias, ni el fluir de la realidad en los moldes de lo fantástico, ni la penetración de lo fantástico en el terreno de la realidad pueden conducir a conclusiones de mucha importancia, y el mero acontecer de un hecho no es capaz de sacarlo fuera del perímetro de lo imaginario, de la misma manera que las sombras fantásticas de un acontecimiento tampoco bastan para sustraerlo del imperio de la eficacia. Entre la realidad y la irrealidad hay una línea divisoria trazada desde la creación del mundo, y la transgresión de esta línea no supone su anulación, sino el poner a prueba su fuerza, de la misma manera que tomar una droga no significa menospreciarla, sino experimentarla. Lo real y lo irreal coexisten en mundos paralelos, independientes, y la mayor parte del tiempo son incluso indiferentes entre sí. Pero es verdad que, en los escasos momentos en que se funden, su unión resulta doblemente reveladora: un elemento fantástico, a través del tamiz de la realidad, regresa a lo imaginario, fortalecido por la autoridad de esta comprobación, mientras que un elemento objetivo que se vuelve irreal va adquiriendo significados capaces de transfigurar su existencia, de la que se ha evadido sólo por un instante.
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