Los integrantes la antología Los malditos, compilada por Leila Guerriero, hablan sobre sus trabajos. En esta entrevista Andrés Felipe Solano habla del escritor colombiano Bernardo Arias Trujillo.
Por PZ.
–Cuando Leila Guerriero me preguntó si conocía a Bernando Arias Trujillo tuve que decirle la verdad: no tenía la menor idea de quien me hablaba.
El escritor colombiano Andrés Felipe Solano -que fuera reconocido por la revista Granta como uno de los mejores escritores jóvenes de América latina- participa en la antología Los malditos, editada por Leila Guerriero, con el perfil “Bernardo Arias Trujillo, por dos gramos de amor” y así deja un breve resumen posible de la vida de su biografiado: “tuvo varias vidas antes de morir a los 34 años y a cada una de ellas se entregó como sólo lo puede hacer un obseso. Fue abogado, juez, periodista, diplomático, homosexual, morfinómano y escritor. Murió de una sobredosis en 1938″.
Los malditos (Ed. Universidad Diego Portales) reúne la vida de 17 escritores latinoaméricanos que fueron elevados por sus obras a la vez que denigrados por la vida. Dada la relevancia de la antología, en Eterna Cadencia nos propusimos en hacer recorrido especial con breves entrevistas a cada uno de los escritores que la integran.
–Empecé a rastrear su vida –continúa Solano– y descubrí que nació en la misma época y región que mi abuelo materno, una zona en Colombia que quizás por ser montañosa moldea de una forma muy particular el carácter de sus gentes, que se mueven entre el encierro y la tentación de la fuga, lo que muchas veces termina en tragedia. Además mi abuelo compartía otras cosas con Arias Trujillo: ambos eran abogados de provincia y se graduaron de la misma universidad, estaban obesionados con la política y la literatura y los dos murieron muy jóvenes, casi a la misma edad. Demasiadas coincidencias como para dejarlas pasar. Tengo que confesar que convencí a Leila de que me permitiera hacer el perfil de Arias Trujillo para saber un poco más del clima espiritual en que vivió mi abuelo. Sin embargo, muy pronto la vida caudalosa del escritor se impuso sobre toda búsqueda personal.
