Beatriz Sarlo lee y comenta Cine en la edición de Perfil del 30 de agosto.
El paso del tiempo
La ensayista continúa su análisis de la literatura argentina reciente. En este caso, lee Cine, historia en la que un guionista escribe sobre la Eva Perón del 17 de octubre de 1945, mientras como un “voyeur” atisba la vida de sus vecinas por la ventana. “La ecología de estos personajes cubre Botánico hasta Libertador y Palermo, como si todo estuviera definido por una fuerte determinación sociocultural. Es un destilado de cultura y de ciudad, que incluye también sus pobres”, afirma Sarlo, y la describe como una suerte de reverso de una novela anterior del escritor, Puerto Apache.
Sivori es director de cine, tiene 51 años; desde el verano hasta mayo, escribe el guión de su próxima película, que consistirá en un diálogo de una hora y media o dos entre Evita y una amiga, la tarde del 17 de octubre de 1945, mientras esperan que Perón sea liberado y conducido a Plaza de Mayo. Evita y su amiga no estarán allí, ni siquiera cerca, sino en un departamento de la calle Posadas. Sivori quiere contar sólo ese diálogo en un largo plano secuencia; por cierto, su productor tiene objeciones. Sivori quiere además que Evita ya sepa, esa tarde de 1945, que ella se va a transformar en una leyenda. A tal efecto, en el guión de Sivori, Evita dice frases proféticas que la convierten en una verdadera adivina. Sivori defiende este anacronismo, pero no está contento con lo que va escribiendo. Y tiene razón para sentirse insatisfecho, porque lo que ha escrito no es bueno.
Esta es una de las líneas que da título a la novela de Martini, que se llama Cine también por otras razones. Sivori espía, desde el momento mismo de la mudanza, a su nueva vecina de piso. Las cocinas de ambos departamentos están enfrentadas; tras la celosía que cubre la ventana de Sivori es posible ver, sin ser visto, la ventana sin cortinas de su vecina, Pina Bosch, traductora de alemán, 43 años, bisexual, desequilibrada y vulnerable. Sivori observa diálogos y almuerzos entre Pina Bosch y su amiga Carola Holms, intérprete de francés e inglés, bisexual, muy internacional, bella y controlada. También sorprende una escena entre Pina Bosch y Mauro, bisexual, proveedor de drogas. Lo que Sivori puede ver desde su ventana tiene los límites de un encuadre fijo; el fuera de cuadro (lo imaginado) vincula al espía y a los lectores. Martini lo hace muy bien.
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