El autor de Por una ciencia del vestigio errático (Ensayos sobre la antropofagia de Oswald de Andrade) recomienda fervientemente Retromanía de Simon Reynolds. “Es un modo diferente de hacer crítica cultural (lo que llamo crítica-surf o crítica playera), exhibe sin quererlo el tamaño de nuestra ignorancia (…), es terriblemente entretenido y, lo más importante, es un gran intérprete del presente”, dice.
Por Gonzalo Aguilar.
A medida que los Beatles llegaban al final de su carrera, perfeccionaron su acercamiento al pasado. Primero al pasado lejano de la infancia en Liverpool, con la música de circo de In benefit or Mr. Kite y las piezas de nostalgia Penny Lane y Strawberry fields. El historicismo continuó con el Álbum blanco y las piezas de music-hall o de big band Honey Pie y Good night. Pero ya había en este disco un acercamiento retro al pasado casi inmediato con Back in the USSR que mezclaba Chuck Berry con los Beach Boys. Ya había en ese museo de lo contemporáneo que fue el Álbum blanco un giro hacia los orígenes. Pero el clímax llegó con el último disco, Abbey road. Fue tan fuerte la identificación con el pasado rockanrolero que John Lennon escribió un tema (Come together) por el que fue acusado de plagio por Morris Levy, el dueño de los derechos de la canción en cuestión: You can’t catch me de Chuck Berry. La canción sonaba muy parecida (Paul ayudó a maquillarla un poco para evitar las acciones legales) y hasta había un verso que era casi literal. La cosa llegó al juzgado y Lennon se comprometió a sacar un disco de covers de rock’n’roll para resarcir a Levy. En ese disco (Rock and roll de 1975), la interpretación de You can’t catch me se asemeja más a Come together que a la versión original: Lennon se convirtió así en el precursor de Berry y el presente en un fantasma del pasado. Lennon, que había sido el heraldo pop del presente, la innovación y la experimentación, se convierte en este gesto en el mensajero de la atemporalidad radical y el culto retro.
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