Posts Tagged ‘Juan Martini’

Nueve preguntas a Juan Martini

Monday, August 6th, 2012

Esta semana, el autor de la trilogía Cine responde nuestro cuestionario de nueve preguntas a escritores.

juan martini
Foto: Alejandra López

Continuando la serie del cuestionario de nueve preguntas a escritores, hoy responde Juan Martini, autor de, entre otros, la trilogía Cine (publicada por Eterna Cadencia Editora).

¿Qué título de otro autor te hubiera gustado para un libro tuyo?

Ficciones, una manera aparentemente casual de apropiarse de un modo de llamar a la literatura narrativa en el siglo XX; una forma casi paradójica de decir “Esto no es real, son ficciones, es decir, historias inventadas”; una astucia borgeana para instalar sus relatos no sólo en el centro de su obra sino también en el centro de la literatura argentina. Lo mismo hace con algunos títulos de sus libros de ensayos: Historia de la eternidad o Inquisiciones, tan aparentemente generales como específicos y por supuesto mejores que Ensayos. Así que elijo un título de Borges. Pero el libro que me hubiera gustado escribir es El castillo de Kafka, la última colosal novela de la historia de la literatura en tiempos en que la novela como género está llegando a su final. Si en la escritura hay un gran deseo de trascendencia ¿por qué no ser ambiciosos aun cuando nunca ni siquiera te acerques a esa meta?

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Imágenes / 1944

Tuesday, May 8th, 2012

El cronista accidental se despide con esta imagen.

Por Juan Martini.

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La mujer está sentada en un banco del Parque Independencia, en Rosario. Es uno de esos bancos de piedra, sin respaldo, y la mujer está sentada casi en el medio del banco. Ella sostiene sobre la falda un bebé. Es un día cálido en el invierno de 1944. La mujer lleva un abrigo de color claro, desabrochado, con un par de grandes bolsillos plaqué; una camisa estampada sobre fondo oscuro, de mangas largas y con el cuello abierto sobre las solapas del abrigo; y una pollera de color negro que le cubre las rodillas. Los faldones del abrigo están abiertos y dejan ver su pollera. Ella ha cruzado una pierna detrás de la otra y el pie izquierdo asoma, entonces, a la altura del tobillo derecho. Sus zapatos brillan. Son zapatos de tacos altos, con plataforma, punteras abiertas, y un pequeño moño de tela coronando la boca del zapato. Dos palomas se mueven cerca de los pies de la mujer, una paloma gris y otra blanca. Hay un árbol a espaldas de la mujer, y más allá hierba y la sombra de ese árbol, y más allá un sendero o una calle, y más allá un bosque. Es imposible saber de qué árboles hablamos aunque alguno, un poco más cerca, sugiere la idea de un pino. La mujer sostiene al bebé sentado en su falda, una mano sobre el vientre del bebé y la otra en la cintura. El bebé lleva un abrigo blanco, de lana, tejido a mano, y un enterito. La cinta de uno de los escarpines está desatada, y es como una huella o una falla sobre la pollera negra. La mujer lleva dos anillos en el mismo dedo de la mano izquierda: una alianza y un cintillo. El bebé cierra los puños. Ella tiene un peinado con ondas asimétricas y el brillo propio del pelo sujeto con fijador. El bebé tiene el pelo muy corto, casi al ras. Hay una casa, o tal vez un depósito, atrás, lejos, en el fondo, entre los árboles del bosque. La mujer, con la cabeza ligeramente inclinada hacia la derecha, mira al frente. El bebé mira otra cosa.

Imágenes / Evita

Tuesday, May 1st, 2012

La segunda foto de la serie de Imágenes ilustra una leyenda.

Por Juan Martini.

eva peron

* Es una leyenda, y como casi todas las leyendas está basada en la realidad y en los puntos oscuros de la realidad. La leyenda cuenta en este caso que en el año 1945 Libertad Lamarque le dio una resonante cachetada a Evita mientras filmaban una escena de La cabalgata del circo dirigida por Mario Soffici en los Estudios San Miguel. Eva tenía 26 años, Libertad Lamarque 37, la película era una especie de comedia dramática salpicada con canciones y protagonizada por la troupe de un circo itinerante.

* Hacía un año y medio aproximadamente que Evita conocía a Perón. Él vivía en un departamento chico en Arenales y Coronel Díaz con María Cecilia Yarbel, una amante adolescente llamada la Piraña que estaba con Perón con el consentimiento de los padres. Pero rápidamente Evita se deshizo de la Piraña y consiguió que echaran también a los padres que eran empleados públicos en Mendoza. “La fleté”, le dijo a Perón. Y Perón se fue al mazo sin chistar.
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Imágenes / Patricia Highsmith

Tuesday, April 24th, 2012

Con este texto sobre la autora de Extraños en un tren el cronista accidental comienza Imágenes, una serie unitaria sobre fotos, libros, cine, artes & anexos.

Por Juan Martini.

* Casi todos los días para él laborables el periodista Guillermo Piro se despide, cuando termina de trabajar, subiendo alguna imagen a Twitter. A veces el link remite a su blog (El Diario de GuillermoPiro) y a veces a imágenes. Hace unos días me sorprendió el rescate de la imagen de una chica muy joven, con los brazos abiertos y desnuda de la cintura para arriba. Una foto en blanco y negro, con sombras fuertes, y el pelo de la chica cayendo sobre los ojos hacia su derecha, que es también ladirección de la mirada. La foto es del alemán Rolf Tietgens y fue tomada en Nueva York en 1942. La chica se llamaba todavía Pat Plangman y estaba enamorada de su retratista homosexual.

* Ocho años después, en 1950, Patricia Highsmith, ya con el apellido del segundo marido de su madre, publicó su primera novela y sin saberlo todavía la historia le estaba abriendo todas las puertas: Extraños en un tren no sólo tuvo un reconocimiento inmediato sino que además, sólo un año después, fue llevada al cine por Alfred Hitchcock con guión de Raymond Chandler. Más de veinte novelas y diez libros de cuentos armarían el legado de la dama de hierro de la novela policial. Con pausas en novelas de amor como la que cuenta con pseudónimo El precio de la sal, la pasión platónica de una chica por otra, y atravesando toda su vida literaria la saga impecable del personaje llamado Tom Ripley, publicada entre 1955 y 1991.
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De Mujercitas a Borges

Tuesday, March 27th, 2012

La colección Robin Hood, adaptaciones de Shakespeare y Poe, poemas de Bécquer, los clásicos de Stevenson y Julio Verne: las lecturas de un adolescente que ya escribía.

Por Juan Martini.

* Cuando entré en la adolescencia, pongamos a los 12 años, mis autores favoritos eran Emilio Salgari, Mark Twain, Louisa May Alcott y Charles Dickens. En la biblioteca de mi madrina, en Rosario, había un ejemplar de Mujercitas en la colección Robin Hood y uno de David Copperfield editado por Peuser. Los leí por primera vez, creo, a los 11 años. Y junto con ellos descubrí esas editoriales. Antes había pasado por versiones adaptadas de Shakespeare y de Poe. Después, tipo 13, me atreví con La piel, una novela polémica del comunista italiano Curzio Malaparte. Era una mezcla rara esa biblioteca, con libros para grandes y chicos; con novelas y ensayos políticos circunstaciales como el libraco ¿Pertenece el futuro a Hitler?; con autores compactos como Conrad y escritoras pedagógicas cristianas como Harriet Beecher Stowe (La cabaña del tío Tom).

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Aprender a leer

Tuesday, March 20th, 2012

Historietas, tiras de humor y enciclopedias infantiles y juveniles: las lecturas de la infancia.

Por Juan Martini.

* Cuando empecé a leer mis padres eran muy jóvenes y estaban distraídos en sus propias vidas. Tenían 30 años y yo 6. Mi madre era huérfana y nunca pudo desenredarse del todo de la nostalgia por mi abuelo. Mi padre era hijo de calabreses analfabetos y trabajaba en la Secretaría de Trabajo y Previsión del gobierno de Perón. En el departamento de la calle Pozos 272 no había, me parece, ni un solo libro.

 

* A mi madre la crió una tía, en Rosario, que después fue mi madrina. Mi madre se escapó de esa casa a los 18 años y se vino a Buenos Aires. Pero el vínculo no estaba roto y ella fue y volvió muchas veces y yo aprendí a pasar los veranos allá. En la casa de Tina, mi madrina, había una biblioteca, uno de esos muebles cerrados con puertas de vidrio y lleno de libros… Esa biblioteca era algo así como lo que no podía faltar en un escritorio aun cuando nadie leía, tampoco, en la casa de la calle Rioja 2824.

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Kafka

Tuesday, March 13th, 2012

El cronista accidental y los destinos kafkianos.

Por Juan Martini.

 

La obra de Kafka es el gran oráculo de los siglos XX y XXI, la premonición más certera, la intuición estremecedora, la percepción inteligente de las tendencias de una época que conducía a otra más opaca, fulminante y cruel. La literatura contemporánea no tiene otro escritor que haya advertido los signos de las transformaciones que se avecinaban y que los haya interpretado y expuesto con lucidez, horror, ironía y, a veces, hasta con un sentido del humor propio de los que desfilan hacia el propio Calvario. En Kafka están los campos de concentración nazis y los tatuajes o números que identificarían a las personas entrevistos por lo menos veinte años antes (En la colonia penitenciaria, publicado en 1914); en Kafka está el distanciamiento absoluto del poder y de sus súbditos, la enajenación desesperante de una realidad aparentemente conocida, y la disolución o desmaterialización del sujeto en sociedades alienadas donde el único orden y la única justicia se ejercen con claves inaccesibles para sus rehenes.

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El fin de un sueño personal

Tuesday, March 6th, 2012

Un recuerdo de Anita Ekberg, la rubia colosal de La dolce vita.

Por Juan Martini.

Es una leyenda. Marilyn Monroe, el mito erótico más fuerte que dio Hollywod y que gobernó la década de los años ’50 en el siglo pasado, se suicidaría en 1962. Brigitte Bardot, una especie de dulce Barbie de boca inolvidable, se proyectó también a lo largo de los ’60. Anita Ekberg, sensual, básica, naturalmente muy rubia y dueña de medidas colosales (1.70 de estatura y 100-56-91) se consagró en 1960, a los 29 años, de la mano de Federico Fellini en La dolce vita, como una mujer sin censura y sin límites: ella y lo natural eran una sola cosa. La sensualidad y Anita Ekberg no tenían límites. Y así, todavía, se la recuerda.

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La biblioteca

Tuesday, August 23rd, 2011

¿Por qué guardamos, juntamos, alineamos y pensamos un orden para los libros?

Por Juan Martini.

Una parte de mi biblioteca

En Roland Barthes por Roland Barthes, un libro arrogante y de una inteligencia implacable publicado en París en 1975, Barthes decía que a diferencia del científico o del intelectual, el escritor no tiene lecturas obligatorias. Lejos de promover un analfabetismo ambulatorio Barthes quiere decir o dice, por el contrario, que un escritor lee lo que le hace falta para escribir o para aprender a escribir y poco importa si además ha leído, digamos, a Vladímir Propp, a Mijaíl Bajtín o a Tzvetan Todorov. Tampoco interesa demasiado si Dante, Shakespeare o Flaubert han pasado por sus manos.

Simple, claro y liviano. Uno podría conseguir los libros que necesita leer para escribir cada uno de sus libros, y los libros que lee sólo por el placer de leer, y después deshacerse de ellos, dejarlos por ahí, olvidarlos. Si alguno de esos libros necesarios fue Madame Bovary o Cumbres borrascosas, por ejemplo, y en algún momento uno vuelve a necesitarlos o desea releerlos seguro los encontrará en casi todas las librerías y en diversas ediciones, desde las más baratas hasta las más caras. Sin contar con el recurso de las bibliotecas públicas. Pero uno es un sentimental. Y bajo la sombra de un atavismo hemos guardado desde el primero hasta el último de los libros que compramos o nos regalaron. Así que hoy tenemos una cantidad desproporcionada: no nos queda tiempo para releerlos a todos, no nos queda tiempo ni siquiera para leer todos los libros que compramos y nunca leímos, y no nos queda tiempo para volver a regocijarnos con los libros que a lo mejor no nos enseñaron casi nada pero nos dieron placer.

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Presentamos Cine: III. La inmortalidad

Wednesday, July 27th, 2011

El martes 2 de agosto a las 19.

cine iii

“Se terminó, Sivori”. El próximo martes, 2 de agosto, a las 19, Eterna Cadencia Editora presenta la útima entrega de Cine: III. La inmortalidad, de Juan Martini. Presentan Leonora Djament, Pablo Braun, Patricio Zunini y el autor.

 

Literatura y estado policial

Monday, July 11th, 2011

(O cómo escribir novelas más o menos detectivescas en plena dictadura argentina).

Por Diego Trelles Paz.

Jose Pablo FeinmannJuan Martini

La génesis del presente trabajo, enfocado en la práctica de la literatura de corte detectivesco en Argentina durante la época de la dictadura militar (1976-1983), es una teoría general en torno a las formas más heterodoxas y atípicas de la producción histórica del género en América Latina. Forma parte, a su vez, de un estudio monográfico más amplio que he estructurado sobre la base de dos preguntas que aparecen yuxtapuestas: 1) ¿Qué tan compatible con la represiva realidad latinoamericana es un género literario cuyas convenciones implican la presencia de un detective honesto e incorruptible, el castigo ejemplar del verdadero culpable del delito, y el restablecimiento final del status quo?; y 2) ¿se puede hablar de novelas policiales en sociedades empobrecidas donde la gente ha perdido la creencia en la ley y desconfía de las fuerzas del orden?

En relación a la primera pregunta, uno de los propósitos de mi estudio era demostrar que tanto las convenciones formativas como la ideología política implícitas en la narrativa policial —sobre todo en su vertiente clásica— son incompatibles con las realidades de los países de América Latina y, por esta razón, para producir una detectivesca propia que resulte atractiva y verosímil para los lectores locales, es necesario replantear algunos de sus postulados principales. Respecto a la segunda, mi respuesta es que sí, es posible hablar de literatura policíaca en la región pero desde lo que observo y propongo como novela policial alternativa hispanoamericana: un género alterno que incorpora, reformula e, incluso, subvierte algunas de las estructuras y convenciones de la matriz original con el fin de adaptarla y hacerla creíble para estas complejas sociedades; y, de la misma forma, un modelo en formación que podría convertirse en una forma viable y autónoma de cultivar el género detectivesco en América Latina a partir de la deconstrucción y la reformulación de sus elementos más característicos.
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Cine / III. La inmortalidad

Thursday, July 7th, 2011

Presentamos Cine III: La inmortalidad, última entrega de la trilogía Cine de Juan Martini.

cine iiiCine III. La inmortalidad
de Juan Martini
176 págs. | ISBN 978-987-1673-39-1 | 14 x 22 cm. | $ 65

Cine III es la última entrega de la novela en tres partes, consecutivas pero a la vez independientes, en que Juan Martini fue desgranando la vida y obra de Sivori, un director de cine que, sin ser peronista, está fascinado con la voluntad y determinacion revolucionarias de una Eva a la que le dedica sus más experimentales películas. Eva tiene 32 años, ya sabe que se va a morir, y debe determinar cuál será su legado. Mientras tanto, las otras mujeres que rodean a nuestro director develarán sus costados más pasionales, íntimos y también entrañables. Un desenlace espectacular, pleno de candidez y humanidad.

Así están las cosas: transcurren los primeros días del año. Sivori ha viajado a Nueva York y se encuentra con Carola, que no deja de hablar de cómo Simone la engaña con Florencia Dillon; y con Simone, que evita el tema de si Zentropa finalmente producirá su película. En Buenos Aires, Florencia se encuentra con una carta que Dippy, su padre, le escribió antes de morir. Mientras, Pina, cada vez más consumida por la anorexia, decide que lo que tiene con Sivori, sea lo que fuere, se acabó.

Sivori, por su parte, aunque ha aceptado dirigir un nuevo proyecto, sigue dándole vueltas al guión del último capítulo de su trilogía sobre Evita; esta vez, una conversación de Eva con Emma Nicolini una tarde de agosto de 1951 en El Tropezón, mientras escribe Mi mensaje, consciente de que le queda poco tiempo de vida, decidida a jugarse el todo por el todo.

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Cine: escribir una novela

Tuesday, July 5th, 2011

A modo de “material incluido”, Juan Martini hace un “comentario del director” sobre su trilogía Cine, que este mes se cierra con Cine III: La inmortalidad.

Por Juan Martini.

monsieur hireUn hombre espía a través de una ventana a una mujer que acaba de mudarse al departamento de enfrente. No se sabe si la mujer se da cuenta o no. Ella mira una película en su notebook: sentada en la cocina, donde también traduce un libro de cuentos de Robert Walser, mira Mulholland Drive, de David Lynch (2001). Mira, sobre todo, los entretelones amorosos protagonizados por Naomi Watts y Laura Harring. Pero al mismo tiempo Mulholland Drive es mucho más que una película sobre el desencuentro de dos mujeres.

Desde el comienzo, desde el primero de los tres libros que la componen y que se cierra hoy con el tercer volumen, Cine es una novela que remite al cine, que va al cine y que viene del cine todo el tiempo, o casi todo el tiempo. El hombre que espía a una mujer que vive enfrente de su casa a través de las ventanas es también el comienzo y el tema de Monsieur Hire, un film de Patrice Leconte (1989) interpretado por Sandrine Bonnaire y Michel Blanc sobre un libro de Georges Simenon. Pero también parece ineludible recordar que es el tema de Rear Window (La ventana indiscreta) realizada por Alfred Hitchcock (1954) con Grace Kelly y James Stewart.

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Juan José Saer

Tuesday, May 24th, 2011

Una semblanza del autor de Nadie nada nunca.

Por Juan Martini.

juan josé saer
Foto de Sophie Bassouls

Nos conocimos en los primeros años de la década del ’60. En aquella época la indignación juvenil no era reformista sino revolucionaria: no pedíamos trabajo, inclusión social ni democracia sin corrupción; soñábamos con un cambio de orden, con igualdad de oportunidades y con la dictadura del proletariado. No sabíamos adónde iríamos a parar, pero eso queríamos. Juan José Saer había publicado los cuentos de En la zona en 1960, cuando tenía 23 años. Y en aquel tiempo aparecieron Responso, Palo y hueso y La vuelta completa. Yo hacía en Rosario una revista literaria con Carlos Schork y Nicolás Rosa. Saer aún vivía en Colastiné y de vez en cuando pasaba con rumbo a Buenos Aires. Llegaba con poemas que aparecerían en la revista:

El que ve en las mañanas
de mayo corromper
el otoño las uvas finales
tiembla y vacila.

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Las pruebas de García Márquez

Tuesday, May 17th, 2011

Crónica de una muerte anunciada se publicó en 1981, un año antes que Gabriel García Márquez recibiera el Nobel.

Por Juan Martini.

gabo
El joven Gabo.

Simpático, ingenioso, empachado de sí mismo, y un toque hortera, Gabriel García Márquez se estiró en el asiento del bar y con las manos cruzadas sosteniéndose la nuca dijo que el narrador de su próxima novela era él pero no era él. Vestido con un overall, una polera de cuello alto y un par de botas amarillas, Gabo sonrió. Estábamos en la terraza del bar que hay en el edificio de la Diagonal donde tiene su oficina la agente literaria Carmen Balcells. La plaza de Calvo Sotelo resplandecía con la luz de una primavera rubia y apenas más allá los árboles del Turó, un pequeño parque enrejado, se espejaban en la fuente. Ricardo Rodrigo era el director de la editorial Bruguera y yo uno de sus editores. Los tres tomábamos cerveza y charlábamos. El narrador de su próxima novela, decía García Márquez, en rigor no era él mismo -aun cuando había vuelto al pueblo del Caribe donde transcurre para terminar de reconstruir los hechos- porque una crónica siempre ficcionaliza lo que cuenta y entonces un personaje real se transforma en un personaje de ficción.

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