En el marco del Filba Nacional de Literatura realizado en la ciudad de Santa Fe, se les propuso a Selva Almada y Luciano Lamberti recorrer las zonas que fueron más afectadas en las inundaciones de 2003. A diez años de esa tragedia evitable, compartimos el texto de Lamberti, que en estos días cobran un nuevo sentido.
Por Luciano Lamberti. Foto: Betania Cappato.
Yo hubiera querido andar en canoa por el río. Hubiera querido comer pescado en la costa, directamente con las manos, mirando el río que pasa. Pero en cambio nos mandan, a Selva Almada y a mí, a ver la inundación. No sabemos mucho más que eso, que vamos a ir al oeste, a la zona más afectada. Otros comerán pescado o reirán bajo la sombra de los árboles en hermosos parques autóctonos, nosotros vamos a cronicar el apocalipsis.









Quiero recomendar dos libros. El primero es Grandes Esperanzas, de Dickens. Junto a Stevenson, Dickens debe ser uno de los pocos narradores felices de la literatura, por más que las escenas que presente sean tenebrosas. Es un libro divertido, ameno, lleno de vida. Como todos los buenos escritores, Dickens es un poco salvaje y pone toda la carne al asador. La historia trata sobre un chico que sale a buscar el mundo y descubre que el mundo es peligroso y horrible y amenazador. Se sabe que Kafka leía a Dickens y es bastante evidente en novelas como América, pero vale la pena leerlo al revés, como si Dickens estuviera influenciado por la narrativa de Kafka. Entonces las escenas de crueldad de las personas mayores (brutales, ignorantes) sobre los niños cobran una dimensión nueva. O leer esa crueldad en relación a las escenas escatológicas o de castigos físicos de El Quijote (Sancho le vomita la barba a Don Quijote, unos campesinos los ahuyentan a pedradas, en las dementes batallas el héroe pierde los dientes o se llena de lastimaduras, etcétera).
Lejos de Berlín es en cierta medida un policial clásico, con su detective, su crimen enigmático, su red de intrigas malévolas, sus disparos y sus peleas a puñetes, sus alfombras bañadas en sangre, sus cadáveres en posturas ridículas, sus mujeres felinas y ligeramente putas. Todo esto ambientado en la Argentina de los 40. Delante de ese decorado de película clásica, aparecen: 1. Un detective (“el” detective) que fuma un rato en la escena del crimen y después se las toma y no vuelve a aparecer hasta el final. 2. El héroe: un nazi varado en Buenos Aires con un nombre falso, un pobre tipo que escuchabar Wagner en su tierra natal y que en Buenos Aires termina asistiendo a los espectáculos obscenos del teatro de revistas. 3. Un payaso narcotraficante (nombre: Firulete). 4. Un mixturado de “escena de interrogatorio” con “escena de sexo”. 5. Dedos en el culo. 6. Un científico nazi que busca un arma sobrenatural en Bolivia. Etc.