Posts Tagged ‘Luciano Lamberti’

A partir de ahora las cosas van a ponerse feas

Friday, April 12th, 2013

En el marco del Filba Nacional de Literatura realizado en la ciudad de Santa Fe, se les propuso a Selva Almada y Luciano Lamberti recorrer las zonas que fueron más afectadas en las inundaciones de 2003. A diez años de esa tragedia evitable, compartimos el texto de Lamberti, que en estos días cobran un nuevo sentido.

Por Luciano Lamberti. Foto: Betania Cappato.

luciano laberti

Yo hubiera querido andar en canoa por el río. Hubiera querido comer pescado en la costa, directamente con las manos, mirando el río que pasa. Pero en cambio nos mandan, a Selva Almada y a mí, a ver la inundación. No sabemos mucho más que eso, que vamos a ir al oeste, a la zona más afectada. Otros comerán pescado o reirán bajo la sombra de los árboles en hermosos parques autóctonos, nosotros vamos a cronicar el apocalipsis.

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La inundación

Wednesday, April 10th, 2013

En el marco del Filba Nacional de Literatura realizado en la ciudad de Santa Fe, se les propuso a Selva Almada y Luciano Lamberti recorrer las zonas que fueron más afectadas en las inundaciones de 2003. A diez años de esa tragedia evitable, compartimos el texto de Almada, que en estos días cobran un nuevo sentido.

Por Selva Almada. Foto: Betania Cappato.

selva almada
Selva Almada. Detrás, Luciano Lamberti.

El río fue engordando, dice, y yo me imagino a un animal cebado, a una bestia enojada o asustada hinchando el lomo.

A la mañana temprano, dice, empezó a escuchar las primeras noticias de la crecida por la radio. Empezó a llamarle la atención, dice, a preocuparlo.

Cuando clareó el agua tapaba la vereda de su casa, dice. Igual nada raro, siempre que llueve mucho pasa. Pero al rato ya estaba en la puerta, dice. Y al mediodía tapaba los dinteles. Y él, su madre y su hermana fueron echados de la casa por el agua.

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Miseria

Wednesday, March 6th, 2013

“Me imagino a Aira, traduciendo a Stephen King y odiándolo“.

Por Luciano Lamberti. Foto: Daniel Mordzinski

césar aira

1. Uno de mis (quizás imaginarios) amigos siquiatras, radicado temporalmente en Barcelona, me dice que allá a los escritores les va muy bien. Está tentándome para que me vaya, cosa que no pienso hacer (siempre y cuando no me ofrezcan apretar un botón en una estación subterránea del Dharma durante quince años). A los escritores les va igual en todos lados: las excusas son siempre patéticas, lloronas. Si un escritor tiene que matar a su madre por el bien de su obra, como decía Faulkner, va y la mata.

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El lector derretido

Wednesday, November 21st, 2012

Sometido a altas temperaturas, el narrador de provincia continúa sus aventuras por las bibliotecas barriales y librerías de saldo: va de Bolaño a una invasión zombie, pasando por Tobías Woolf y Pritchard.

Por Luciano Lamberti.

abandoned gas station

1. 35 grados de calor en Córdoba. Salgo sólo para lo indispensable, con lentes negros y una toalla mojada en la cabeza. Las bibliotecarias miran la fecha de vencimiento de la biografía de Balzac y niegan con la cabeza. La tendría que haber devuelto hace un mes. Después me invitan a la presentación del libro de mi (casi) tocayo Hernán Lanvers. Es el 29, voy a ir. Los escritores populares están llenos de vida, no como los otros, y más éste que escaló montañas en África. Al cabo de un rato de búsqueda me llevo tres libros: Los detectives salvajes de Bolaño (leído como doscientas veces), la Trilogía en Nueva York de Paul Auster (leí la última parte en un librito que vino con el Página) y La mujer en la luna de una tal Milena Agus que me gustó por la tapa, pero luego de leer dos páginas me percato de que es un bodrio descomunal (106 páginas).
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Fisiología del matrimonio

Thursday, October 25th, 2012

Luego de trabajar con la relación entre carne y literatura, el autor de El loro que podía adivinar el futuro comienza una serie sobre las “Aventuras de un narrador de provincia” a través de distintas lecturas. En esta entrega, la biografía de Balzac de Stefan Zweig.

Por Luciano Lamberti.

honoré de balzac

1. Soy socio de la biblioteca popular Vélez Sarsfield, que queda a una cuadra de mi casa. De ahí leo los libros que por distintas razones no voy a comprarme, o bien porque estoy harto de comprarme libros, o bien porque son demasiado caros o inconseguibles, o bien porque comprármelos me da culpa, porque no forman parte de la Literatura Universal. Hay como veinte Stephen King, cuatro Aira, mucho Coetze, mucho Sandor Marai. Lo atienden dos mujeres mayores muy simpáticas que sólo me cobran dos pesos cada vez que se me vence un préstamo (lo que sucede a menudo) y siempre me preguntan por “ese chico Federico Falco” a quien quieren invitar para que de una conferencia.

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Vacas

Friday, October 5th, 2012

El último capítulo de la serie In the flesh (carne y literatura).

Por Luciano Lamberti.

lord of the flies

1. Me crié en una carnicería. Con mi hermano comíamos bizcochos con carne molida cruda a las diez de la mañana y jugábamos a boxear contra las medias reses colgadas de un gancho, tal como lo hacía Stallone en la primer Rocky. Ahora mi hermano es vegano, no come más que legumbres y verduras en todas sus formas, ni queso, ni manteca, ni leche, ni huevos, ni nada que venga de un animal. Según él, la violencia de los animales sacrificados pasa a nosotros y nos infecta.

2. La literatura juvenil, o infantil, incluso en aquellas obras que se concibieron originalmente para adultos y después fueron apropiadas por ese universo (cf. Los viajes de Gulliver) me interesa más que la literatura para adultos. En general es más honesta,  está mejor escrita y no depende tanto de la moda. A un niño o un chico de secundario no se le puede pedir que juzguen una historia por como “dialoga” con tal o cual tradición: la historia es buena o mala y se acabó. Si en la literatura “seria” o adulta el error puede ser malinterpretado como originalidad, los chicos o jóvenes de secundario (los conozco de primera mano, soy su víctima un par días a la semana) quieren ser sacudidos, conmovidos, intrigados o aterrados por una buena historia bien contada. Y se acabó.
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Prefiero coger

Thursday, August 30th, 2012

La tercera entrega de la serie de artículos sobre carne y literatura de Luciano Lamberti se ocupa de escenas de sexo en libros argentinos.

Por Luciano Lamberti. Video: Cuqui (proyectado en la presentación de su libro Kiki).

1. Lluvia, barro, inundación, vísceras animales, opresión, gente fea, un niño decapitado por una soga, un hombre fino perseguido por brutos (buenos católicos y por lo tanto buenos federales), una sala de tortura. La literatura argentina empieza con un relato de terror. En el cuento de Echeverría, los empleados de un matadero acuestan a un unitario en una mesa basta y amenazan con meterle una mazorca por el culo. Años después el Lamborghini raro (Osvaldo) recrearía la escena en ese festival de sangre que es “El niño proletario”. El sexo como violación y ultraje, el sexo como metáfora del Estado.
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Niños envueltos

Friday, August 10th, 2012

En esta segunda entrega de In the flesh: hombres malos que se comen a los chicos y una novela de Cormac McCarthy “donde todo el significado se esfumó del mundo y ya no hay lugar para Dios ni para la humanidad”.

Por Luciano Lamberti.

can ibal

1. En Mayo del 2006, Mauricio Reyna Mulena, un joven de la localidad de General Alvear, en Mendoza, asesinó con 30 puñaladas a un conocido y se comió una parte del omóplato donde tenía un tatuaje. “Una almita más para mí”, dijo, mientras masticaba, y también: “Está salado”.

2. “¡Existe el hombre malo que se come a los chicos! ¡Cocinó y comió a una criatura de once años!”, titula el periódico porteño El Orden, en mayo de 1936. Un hombre llamado Aparicio Garay había secuestrado, asesinado y devorado el cuerpo de un niño de once años. Según sus propias palabras: “Limpié bien los huesos. Primero los iba a guardar, para trabajarlos. Lindos huesitos. Hubiera hecho unas fichas. Pero por dentro no servían. Eran esponjosos. Entonces los tiré al río. Y la carne la colgué. Hice ganchitos y colgué la carne de la enramada cerca del rancho”.
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El sacrificio del cordero

Thursday, July 26th, 2012

Con este texto Lamberti inaugura In the flesh, una serie de artículos sobre carne y literatura.

Por Luciano Lamberti.

juan josé saer
Foto de Sophie Bassouls

Cuando era chico íbamos al campo a visitar a una familia amiga de mis viejos, y había una escena que se repetía en todos los viajes. Al atardecer buscaban uno de los chivos jóvenes del corral, lo ataban del cuello y lo llevaban hasta un árbol, en el patio, ahí lo colgaban bocabajo y le cortaban la garganta con un cuchillo. El lamento del animal, que lloraba durante el proceso, se volvía un ruido líquido, burbujeante. Después lo abrían en canal, le tiraban las tripas calientes a los perros, lo despejellejaban y lo cocinaban sobre brasas en el piso de tierra. Era un trabajo de hombres: las mujeres esperaban adentro de la casa (a mamá la escena le daba impresión, aunque después comía con buen apetito).

Yo era un niño, pero tenía la impresión de estar viendo algo significativo, no sabía qué, y no lo entendí hasta mucho después, cuando leí El limonero real, de Juan José Saer.
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Nunca se sabe

Tuesday, July 17th, 2012

Luciano Lamberti habla de El loro que podía adivinar el futuro (Ed. Nudista).

Por Florencia Parodi.

loro

El loro que podía adivinar el futuro es un libro de seis cuentos donde conviven personajes y discursos de toda procedencia, terrestres y extraterrestres, científicos, cotidianos y holísticos, y donde el desfile de criaturas es insólito (“solitarios con peces ciegos en peceras sucias, viudas con canarios espantados por la visión de su desnudez, oligofrénicos coleccionistas de caracoles y mantis religiosas, amaestradores de hormigas, exploradores de especies extintas”, es solo una de las enumeraciones). Los animales tienen un papel importante en este segundo libro de cuentos de Lamberti; además del loro que podía adivinar el futuro hay por ejemplo un oso con un problema que solo entiende un viejito intérprete de animales: “Dice que para qué vivir —dijo mi abuelo— si todo se esfuma y se pierde en la gran nada del universo cósmico”.

En esta entrevista Lamberti habla de sus cuentos y de muchas otras historias que fueron cocinando la elaboración del libro.
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A lo mejor son sólo cosas que pasaron

Friday, June 1st, 2012

Según dice Lamberti en el prólogo, el último libro de Federico Falco, Cielos de Córdoba, es un libro argentino “en el sentido Isabel Sarli de la palabra”. En esta entrevista Falco habla del libro y entre otras cosas de la lectura de Lamberti.

Por Luciano Lamberti.

cielos-de-cba-federico-falcoAdvertencia: Este es un libro peligroso.

No es un libro para regalar en el día del padre, o en las bodas de plata de los abuelos. No es un libro para el bondi. Si alguien lo lee en el bondi, apuesto mi colección de insectos disecados a que después de un par de páginas va a sentirse incómodo, a moverse en el asiento y a mirar alrededor con un aire de culpa secreta para comprobar que nadie esté espiando sobre su hombro.

Y a la vez, aunque parezca una contradicción, es un libro tierno, lleno de luz, de momentos de placer visual, de pacíficas tardes de campo, de escenas poéticas.

Y puede ser las dos cosas porque es un libro sobre la infancia, el lugar donde conviven la belleza y el espanto. Un libro sobre cómo crecemos, o sobre cómo empezamos a sospechar que algo anda irremediablemente mal con el mundo. Es decir: cómo pasamos de la inocencia a la experiencia, o del bien al mal. Mucho se escribió sobre el tema (mis favoritos: “La isla del tesoro”, de Stevenson, “El señor de las moscas” de Golding) pero ninguno de esos libros es como éste.

Primero porque es un libro argentino, en el sentido Isabel Sarli de la palabra. Groncho, mersa, peronista, argentino. Uno se ríe leyendo, incluso cuando la situación es dramática o patética o triste o graciosa y triste a la vez (la mayoría).
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Toda la carne al asador

Wednesday, November 16th, 2011

Una recomendación doble de Luciano Lamberti, autor de El asesino de chanchos: un clásico, Dickens, y un poeta cordobés que además de escribir fabrica boomerangs, Lucas Tejerina.

Por Luciano Lamberti.

great expectationsQuiero recomendar dos libros. El primero es Grandes Esperanzas, de Dickens. Junto a Stevenson, Dickens debe ser uno de los pocos narradores felices de la literatura, por más que las escenas que presente sean tenebrosas. Es un libro divertido, ameno, lleno de vida. Como todos los buenos escritores, Dickens es un poco salvaje y pone toda la carne al asador. La historia trata sobre un chico que sale a buscar el mundo y descubre que el mundo es peligroso y horrible y amenazador. Se sabe que Kafka leía a Dickens y es bastante evidente en novelas como América, pero vale la pena leerlo al revés, como si Dickens estuviera influenciado por la narrativa de Kafka. Entonces las escenas de crueldad de las personas mayores (brutales, ignorantes) sobre los niños cobran una dimensión nueva. O leer esa crueldad en relación a las escenas escatológicas o de castigos físicos de El Quijote (Sancho le vomita la barba a Don Quijote, unos campesinos los ahuyentan a pedradas, en las dementes batallas el héroe pierde los dientes o se llena de lastimaduras, etcétera).

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Novedades editoriales de agosto /1

Wednesday, August 4th, 2010

El ciclo dio una vuelta completa, comienza el mes y llegan las primeras novedades editoriales a Eterna Cadencia: la nueva y esperadas novelas de John Irving y John Connolly, un clásico de Steinbeck, un nuevo Cohen, Luciano Lamberti, Luisa Valenzuela y Manuel Soriano.

libros

La última noche en Twisted River, John Irving
(Tusquets Editores, 657 págs.)

Corre el año 1954. La vida en el aserradero de una explotación forestal al norte de New Hampshire no resulta fácil y las desgracias están a la orden del día. Una noche, Dominic Baciagalupo, el cocinero del aserradero, y su hijo Danny, de doce años, se ven obligados a abandonar apresuradamente el lugar cuando Danny, en un fatal accidente, mata a la novia de un alguacil llamado Carl. Dominic y Danny inician entonces una extenuante huida, pues Carl, en su afán de venganza, los perseguirá primero hasta Boston, luego hasta Vermont e Iowa, y finalmente hasta Canadá. En cada ciudad a la que lleguen, padre e hijo se verán obligados a adaptarse a las costumbres y personas del lugar, a inventarse una nueva identidad… Sin darnos tregua, peripecia tras peripecia, John Irving nos sumerge de lleno en la vida estadounidense durante las últimas cinco décadas del siglo XX.

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Lejos de casa

Saturday, September 26th, 2009

Una lectura de Lejos de Berlín de Juan Terranova.

Por Luciano Lamberti.

lejos de berlínLejos de Berlín es en cierta medida un policial clásico, con su detective, su crimen enigmático, su red de intrigas malévolas, sus disparos y sus peleas a puñetes, sus alfombras bañadas en sangre, sus cadáveres en posturas ridículas, sus mujeres felinas y ligeramente putas. Todo esto ambientado en la Argentina de los 40. Delante de ese decorado de película clásica, aparecen: 1. Un detective (“el” detective) que fuma un rato en la escena del crimen y después se las toma y no vuelve a aparecer hasta el final. 2. El héroe: un nazi varado en Buenos Aires con un nombre falso, un pobre tipo que escuchabar Wagner en su tierra natal y que en Buenos Aires termina asistiendo a los espectáculos obscenos del teatro de revistas. 3. Un payaso narcotraficante (nombre: Firulete). 4. Un mixturado de “escena de interrogatorio” con “escena de sexo”. 5. Dedos en el culo. 6. Un científico nazi que busca un arma sobrenatural en Bolivia. Etc.

Como contraparte a este delirio controlado, el realismo de la novela descansa en el peso de la política, de los chismes y mitos de la historia, de las referencias a una Buenos Aires pasada por Roberto Arlt o a los primeros pasos del peronismo dorado de la época. Y cada tanto se abre una puerta y aparece un monstruo, un personaje horrible y malo en un mundo horrible y malo (como en las mejores novelas policiales, en esta todos son malos). La novela es realista, absurda, y verosímil, y rompe – no tuerce – las reglas del género, en una especie de versión desiquilibrada o de homenaje paródico.

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