Posts Tagged ‘Vicente Battista’

Nueve preguntas a Vicente Battista

Monday, January 21st, 2013

El autor de Sucesos argentinos y Cuaderno del ausente responde nuestro cuestionario de nueve preguntas a escritores.

vicente battista
Foto: Lucio Ramírez

Continuamos con el cuestionario de nueve preguntas a escritores. Hoy responde Vicente Battista, autor de Sucesos argentinos, Gutiérrez a secas y La huella del crimen, entre otros.

¿Qué título de otro autor te hubiera gustado para un libro tuyo?

Encerrados con un solo juguete, de Juan Marsé.

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El debate sobre la jubilación de los escritores

Friday, July 13th, 2012

El debate en torno a la ley impulsada por los legisladores de Nuevo Encuentro para que los escritores argentinos accedan a una jubilación.

Por FP.

Vicente Battista

El martes pasado en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, el escritor Vicente Battista, el Diputado Nacional Juan Carlos Junio y el poeta Juano Villafañe participaron en uno de los diez debates sobre políticas culturales que organizaron desde el Centro en el marco de su décimo aniversario. El debate giró en torno a un proyecto de ley que está por presentarse en la Cámara Baja del Congreso. Es la Ley de AUTORES (Asignación Única por Trabajos y Obras en Reconocimiento a Escritores). “La presentó Carlos Heller a Comisión –explica Battista–, pero por aquello de los tiempos del congreso, perdió su turno y ahora vuelve a presentarla el diputado Juan Carlos Junio, que al igual que Heller pertenece al espacio político Nuevo Encuentro”.
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24 de marzo de 1976

Thursday, March 24th, 2011

A 35 años del golpe militar que derrocó al gobierno de María Estela Martínez de Perón, seis referentes de la literatura cuentan cómo lo vivieron.

Por PZ.

El 24 de marzo del 1976 es una fecha que ha quedado marcada en la memoria de todos. Mucha gente recuerda con pormenor de detalles el momento en que se enteró del golpe militar. Hoy se cumplen 35 años de aquel día y la propuesta es, justamente, recordarlo a partir de esas historias privadas que conviven con la historia pública. Le preguntamos a diferentes personas relevantes del mundo de literario sobre aquel día: dónde estaba, qué hacía, cuál fue la primera sensación, el primer sentimiento, en el momento en que se enteraron del golpe.

Responden Claudia Piñeiro, Hinde Pomeraniec, Beatriz Sarlo, Vicente Battista, Mempo Giardinelli y Juan Martini.

 

Claudia Piñeiro:

claudia piñeiro por alejandra lópezLa memoria a veces engaña porque no recuerdo qué día de la semana fue el golpe, ni si se suspendieron o no las clases. Pero mi imagen de ese día (o del día siguiente, vuelvo a desconfiar de mi memoria) es que venía caminando desde el colegio de monjas al que iba, hablando del golpe con mis compañeras. Veo mis zapatos, mis medias azules y las tablas de la pollera como si mi mirada hubiera estado clavada en el piso; callada, escuchando lo que decían mis amigas. Todas estaban contentas de que por fin habían sacado a María Estela Martínez de Perón, a la Perona, decían. Y contentas porque ya no iba a faltar papel higiénico (eso recuerdo, la preocupación por la falta de papel higiénico). Y que ahora todo iba a estar mejor. Yo estaba callada porque sabía que en mi casa no estaban contentos y en la adolescencia, ser distinto, no siempre es fácil. Entonces callaba, miraba las tablas de mi pollera, y las escuchaba a ellas. Yo era la última en el recorrido del colegio a casa, las otras iban quedando en las suyas que estaban más cerca. Las últimas tres cuadras yo las hacía sola. Las caminé esperando contarle a mi mamá eso que decían mis amigas, eso que era seguramente lo que decían sus padres, contarle que ellas estaban contentas. Mi mamá me esperaba en la puerta de mi casa. No se veía alegre sino preocupada. Le conté lo que hablaban mis compañeras a la salida del colegio. Me dijo: Dejalas, no entienden nada, no entienden nada de nada. ¿Es verdad que falta el papel higiénico?, le pregunté. Mi mamá me miró y se sonrió. No entienden nada, volvió a decir.

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Ser escritor

Friday, September 17th, 2010

Ser escritor reúne las reflexiones de Abelardo Castillo sobre la literatura. En el prólogo, Vicente Battista, que fue “algo así como el compilador o antólogo”, relata cómo se gestó este libro.

Por Vicente Battista.

ser escritorNos encontramos por primera vez con Abelardo Castillo una noche de verano del año 1962. No puedo precisar ni el día ni el mes, pero sé que era de noche y que hacía mucho calor. Recuerdo el sitio: el bar La Comedia, en Paraná y Corrientes; y también recuerdo todo lo que tuve que esperar a Castillo. Por aquellos días yo conocía sus cuentos y conocía la revista literaria que él dirigía; pero desconocía su poderosa impuntualidad. Llegó cuando iba por el tercer café. La espera valió la pena. Yo tenía veintidós años y algunos cuentos inéditos. Castillo me llevaba cinco años, en el teatro Los Independientes ya habían estrenado su tragedia El otro Judas, y la editorial Goyanarte ya había publicado Las otras puertas, su libro de cuentos: me iba a encontrar con un escritor de verdad. Aquella noche hablamos largo, o tal vez Castillo habló largo. Lo cierto es que a la madrugada, cuando nos despedimos, ya me había invitado a ser parte de El escarabajo de oro. Esa madrugada, con mis pocos cuentos inéditos, yo también, de golpe y para siempre, me sentí un escritor de verdad, alguna vez tenía que decirlo.

Con la excusa de editar una revista, de escribir cuentos y novelas, de apostar por la utopía y por un mundo mejor, fue creciendo entre nosotros una amistad que se mantiene inalterable a lo largo de los años. Voy a hacer pública una dedicatoria; con estas palabras me dedicó Castillo su novela Crónica de un iniciado: “Después de treinta años de amistad se puede decir que dos hombres son hermanos; después de treinta años de amistad, dos escritores son casi el mismo”. Me apresuro a declarar que no es cierto, no somos el mismo: Castillo, mal que le pese, me sigue llevando cinco años, y Castillo es (lo he dicho infinidad de veces, pero no está de más repetirlo) uno de los más grandes escritores que tiene nuestro país.

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La zanja

Thursday, March 11th, 2010

El cuento “La zanja” es el primer cuento de Como tanta gente que anda por ahí, libro editado en 1975. Ayer lo llamamos a Vicente Battista para pedirle que nos permitiera publicar este cuento, a la vez magistral y terrible, en el blog. “¿Pero qué versión tenés?”, preguntó. “Te paso la última, porque lo volví a corregir el año pasado.” Nos asombró la constancia de seguir corrigiendo aún después de 35 años de haberlo publicado. “Yo siempre sigo corrigiendo”, nos contó y aclaró: “corregir para mí es quitar, esos libros que dicen versión corregida y aumentada ¡no están corregidos!”.

vicente battista

Siempre fuiste un infeliz. Por eso ahora te quedás sentado en medio del patio, sobre el banquito bajo, con el sol pegándote en la espalda, mirando tu propia sombra que, aburrida, se pierde entre las baldosas. Germán esta en medio del patio y trata de no oír los ruidos que hace Norma al preparar la valija. Sabe que cuando termine de acomodar la ropa, Norma abrirá la puerta y se perderá por el corredor, camino a la calle. Germán quedará solo, con los malvones que hoy no fueron regados, los platos sucios amontonados en la pileta y esa terrible angustia, esa antigua impotencia, que hace que ahora siga así, encogido sobre el banquito, mientras Norma guarda prolijamente la ropa. Unos minutos antes le había dicho que no lo aguantaba más, y también “pobre cornudo”, pero lo de cornudo quizá lo imaginó él, porque se mezcló con el portazo que dio Norma al encerrarse en la pieza. Hubo un silencio y de nuevo los gritos, idénticos a los de aquella otra vez, cuando papá dejó el diario a un costado y lentamente se fue poniendo de pie: Germán llegaba de la calle todo sucio, con el trajecito blanco lleno de barro.

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Battista, entre la investigación y el juego

Friday, November 27th, 2009

El prólogo de Noé Jitrik a la edición de 1975 de Como tanta gente que anda por ahí de Vicente Battista.

Por Noé Jitrik.

como tanta gente que anda por ahíEl primer dato que sitúa los cuentos de Vicente Battista es la mención que obtuvieron en el Concurso de la Casa de las Américas (La Habana) en el invierno de 1967; el dato siguiente es que ese año fue propicio para los escritores argentinos que se presentaron en esa competencia: David Viñas sacó un premio por su novela Los hombres de a caballo, Dalmiro Sáenz por su pieza ¡Hip… Hip… Ufa! Y fueron mencionados por sus cuentos Tununa Mercado (Celebrar a la mujer como a una pascua) y Ricardo Piglia (La invasión). (Otra circunstancia destacable: estaba en La Habana Julio Cortázar –que presentó entonces algunos fragmentos de La vuelta al día en ochenta mundos– quien, como jurado, votó a favor de Viñas en el concurso; años después, en la misma ciudad, Viñas hizo un análisis, una conferencia –nada complaciente por cierto– sobre jóvenes escritores argentinos a quienes denominó “hijos de Cortázar” atribuyéndoles un sometimiento excesivo a las lecciones del autor de Rayuela: cayeron en la volteada Manuel Puig, Néstor Sánchez y Aníbal Ford; Ricardo Piglia fue salvado y ni Tununa Mercado ni Vicente Battista fueron mencionados, acaso porque es muy difícil hallarles concomitancias precisas con Cortázar, acaso por otras razones menos ponderables).

Tercer dato complementario: tanto Battista como Piglia y Mercado fueron publicados por la editorial de Jorge Álvarez. Aparentemente esto tiene poca importancia pero, en procura de una descripción del ambiente argentino en el que los cuentos de Battista se inscriben, el nombre de Álvarez tiene su significación. Porque, en efecto, tanto el empuje de esta editorial como el tipo de libros que publicó –y el tipo de lectores que descubrió– constituyen indicios más que elocuentes del clima intelectual reinante antes del golpe militar de 1966 denominado pomposamente “Revolución Argentina” y del que a la fecha casi no queda otro rastro que su ridícula pretenciosidad, aparte de un recuerdo de represión y muerte.

¿En qué consistía dicho clima cortado brutalmente por el “onganiato” o, por lo menos enrarecido, barroquizado, complicado desde que se nos propuso a los argentinos un enderezamiento frenéticamente axiológico de nuestra despreocupada o desordenada o peligrosa existencia?

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Cuaderno del ausente

Monday, August 31st, 2009

Por P.Z.

cuaderno del ausenteRaúl Benavides es un periodista freelance al que contratan para escribir un artículo sobre el comisario Evaristo Meneses. Meneses, “un duro con códigos” que supo ser una figura relevante en los ’60, ha muerto hace lleva más de quince años.

A Benavides el artículo le supone una tarea relativamente sencilla, rutinaria, lo que más le interesa es la chance de aliviar el rojo en el banco. Escribe un artículo correcto basándose en la biografía de de Yderla Anzoátegui –no hay mucho de Meneses en internet–, lo entrega y se olvida del asunto.

Entonces aparece Erika. Y luego, las amenazas.

A los días de haber dado por cerrado el tema, Eugenio –un amigo de Benavides– le dice que conoció a una vieja prostituta que ahora regentea una casa en San Cristóbal y que dice ser el gran amor de Meneses. Quiere conocerlo para aclarar las imprecisiones de la biografía de Anzoátegui. Erika ronda los 80 años y tiene muchos deseos de hablar del comisario. De cómo la amaba, de cómo se acostaba con ella, de cómo supo cargarse a más de una banda.

Erika tiene tiempo. Y lo maneja con la costumbre que le enseñaron los años de profesión. Marca las visitas con una rigurosidad asombrosa: interrumpe el relato sin importarle en dónde esté cuando se agota el tiempo de visita y agenda un nuevo encuentro. Por medio de Erika, Benavides va conociendo al comisario, una trama oculta espera salir a la luz. Tal vez Meneses esté implicado en un crimen de lesa humanidad. Es cuando llegan las llamadas, amenazadoras. ¿En qué juego se ha metido Benavides?

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Taxi!

Monday, June 22nd, 2009

vicente battista

El hombre de este tiempo es un robot, se maneja por lo que le dicen los otros. Se maneja por lo que le dicen los otros, por lo que hacen los otros, por lo que tiene que hacer, pero prácticamente no tiene ideas propias. Digamos, para entendernos: en el peor de los casos, un mundo Tinelli.

Vicente Battista en Martes de Eterna Cadencia.

Foto: Lucio Ramírez
Fecha: Mayo 2009

Vicente Battista /2

Friday, May 29th, 2009

Hablamos del policial, negro
Invitado:
Vicente Battista
Ciclo: Los martes de Eterna Cadencia
Fecha: 26 de mayo de 2009
Desgrabación: P.Z.

Vicente Battista

[Segunda parte; leer la primera]

En las novelas aparecen nombres de amigos. Jordi aparece en Sucesos argentinos.

¿Vos sabés? Algo que me molesta mucho, era una especie de cábala, me di cuenta después. Lo que pasa que en Sucesos argentinos, en Siroco, en El libro de todos los engaños, en Gutiérrez a secas aparece Jordi, como te dije, gran amigo.

Acá [en Cuaderno del ausente] aparece Zamboni.

Sí, es un amigo, escritor además. Jordi también era escritor. En El libro de todos los engaños puse una carta real de Jordi. En Siroco y Sucesos argentinos tiene mucha importancia, es el cerebro pensante del otro. Está desde lejos en el caso de Sucesos. En Barcelona en Siroco, le está llevando el camino. Y en Gutiérrez lo puse a Jordi como personaje secundario. Y acá [Cuaderno del ausente] se me escapó. Después que edité la novela –en una próxima edición lo voy a poner como sea–, me dije “¡pero me falta Jordi!”. Porque la idea es que esté en todas las novelas como gran personaje o como el que sale así en la foto. Pero me gusta ponerlo.

Zamboni es Marcelo Zamboni, doctor, gran amigo, escritor.

¿Está en el Siestáculo?

Está en el Siestáculo, sí. Y yo, ojo: le dije “Marcelo, te voy a poner porque en un momento Erika va a necesitar un médico y le voy a poner Zamboni”. Qué sé yo, un apellido bam-bam. “Sí, adelante”. Lo puse.

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Vicente Battista /1

Thursday, May 28th, 2009

Por P.Z. Fotos: Lucio Ramírez

Contar historias

Vicente Battista fue el invitado del martes-de-eterna-cadencia pasado. Durante una hora cuarenta y cinco minutos recorrimos su vida literaria, y créanme: el tiempo voló, y la sensación general fue que deberíamos haber seguido hablando. Tanto así que, con la librería y el bar ya cerrados, algunos entusiastas –pese al frío– extendieron la conversación en la puerta.

Vicente Battista

“Contar historias”: así definió a la literatura y eso también lo definió como escritor. En cada respuesta, Battista construyó una historia: desde algunas anécdotas apuntadas por Abelardo Castillo –amigos de la época en que escribían en El escarabajo de oro– hasta cuando analizó sus últimas novelas, pasando por la mención a los jóvenes escritores que más lee –Leonardo Oyola y Samanta Schweblin–, la vida en las Canarias, la revista Nuevos Aires.

Battista parece estar siempre mirando con ojos literarios: sobre el final de la charla hablamos de la muerte de María Marta García Belsunce –Battista tuvo una columna en Clarín sobre el caso–, en un momento dijo que era curioso que Carrascosa no hubiera sentido olor a pólvora cuando entró en la casa. Una mujer del público, entonces, le dijo que si Carrascosa se hubiera operado del oído como ella, sería lógico que no oliera: cuando tiran de la cuerda del tímpano perdés gusto y olfato, explicó. Terminada la charla, Battista se acercó a la mujer para preguntarle más detalles del tema. Si en el futuro aparece algún cuento de Battista mencionando estas características, ya sabemos dónde encontró el argumento.

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